Escapada a Buenos Aires

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Debemos admitir que, aunque estamos muy motivadas con nuestro próximo viaje a Bali, sabemos que falta mucho tiempo aún para armar esa mochila y partir. Para calmar nuestros incontrolables deseos de viaje, nos escapamos unos días a Buenos Aires y en este post relatamos el recorrido que realizamos. Por ahora les confesaremos que estamos ansiosas por volver.

Buenos aires: “volver, volver…” sólo queremos volver

El sueño (¡y mucho sueño!) marcó el inicio de nuestro viaje a Buenos Aires. ¿La razón? Como casi siempre nos acostamos tarde y –lo peor- el transfer pasó a buscarnos antes de las cuatro de la mañana. Pero con sueño y todo,  las ganas por conocer la capital de ‘’La Argentina’’ permanecían intactas.  Igualmente aprovechamos cada minuto del trayecto para poder dormir un poco.

Nuestra primera impresión: amabilidad, mucha amabilidad, tanto que nos sentimos inmediatamente como en casa. Decidimos quedarnos en Palermo, ya que desde allí podíamos trasladarnos fácilmente a todos los sitios que nos interesaban. Además, esta localidad cuenta con muchos restaurantes y si queríamos salir a tomar una que otra cosilla éste era el lugar ideal para hacerlo.

Palermo: un barrio “a todo color”

Así que partimos recorriendo las calles de Palermo, y aunque parezca extraño, uno de los puntos más altos de este barrio fueron precisamente sus calles, algunas angostas, con adoquines e infraestructura que te remonta al pasado, mientras que otras estaban llenas de coloridos murales ¡Nos encantó!

Es que era tan diverso, de repente ibas caminando y te topabas con un mural en honor a Jorge Luis Borges, luego tomabas un atajo y tropezabas con un tributo al Che Guevara o simplemente con algo de humor plasmado creativamente en las paredes.

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La vida nocturna también es una de las protagonistas de este barrio, incluso parecía que los sábados por la noche la población se multiplicaba, y de hecho, era muy probable que así fuera. Ya nos habían hablado de esto, de que si queríamos ir a un bar o a bailar el mejor lugar era precisamente Palermo.

Y para qué hablar de la comida, hay mucho que elegir, aunque predominan las hamburgueserías y –obviamente- la comida italiana. Lo primero que probamos fue una hamburguesa, y a pesar de que de optamos por una vegetariana, los sabores nos fascinaron. Después nos fuimos por las pastas (espaguetis, rigatonis y raviolis), siempre acompañadas por un Malbec proveniente de Mendoza, y para cerrar el menú un flan con el clásico dulce de leche (¡por suerte caminábamos bastante!)

Casco histórico

¿Creían que se nos habían olvidado las pizzas? Imposible, fuimos a la famosa – y muy recomendada- pizzería Güerrin, muy cerca del Obelisco, en medio del impresionante casco histórico: nuestro sitio favorito de todo Buenos Aires.

Tuvimos la fortuna de llegar justo para Open House Buenos Aires, una actividad que te permitía entrar a diversos edificios patrimoniales, y nosotras optamos por la ex Biblioteca Nacional, la cual en su momento fue precedida por el gran Jorge Luis Borges. Ahora, en este lugar se producen ensayos y exhibiciones de danza, entre otras actividades, y en un futuro próximo albergará la colección de libros de dicho connotado escritor.

Parte importante de las edificaciones emblemáticas están muy cercas unas de otras, y por lo mismo, decidimos que caminar sería la mejor manera de conocer cada rincón. Así fue que llegamos a la Casa Rosada y al Teatro Colón, pero también a muchos otros lugares bellísimos, donde se replicaban por mil espacios como nuestro clásico Barrio New York, en el centro de Santiago. Y fue esa sensación de ser parte del pasado la que nos fascinó.

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Cada paso que dábamos significaba descubrir un nuevo y encantador sitio, cada edificio más bello que otro, unos de estilo muy italiano o afrancesados (¡era casi como estar en la Belle Époque!), mientras que otros daban cuenta de la influencia del Art Decó.

De aquí fue que obtuvimos las mejores postales, las cuales tuvieron como marco unos días agradablemente nublados, y el resultado: fotos que amamos.

Caminito: el alma argentina

‘’Caminito’’, al igual que el tango que inspiró y que lleva su nombre, y cuyos versos dicen ‘’la mano del tiempo tu huella borró’’, así parece haber sucedido con este barrio, en el que sus casas de llamativos colores parecen haber quedado indiferentes al paso de los años.

Allí, insertos en La Boca, los otrora conventillos de inmigrantes pobres ahora saludan al visitante con arte, tangos y restaurantes con terrazas en medio de los adoquines, por donde antes transcurría un riachuelo maloliente.

Ya nada queda de ese hacinamiento forzoso al que se vio obligado aquella oleada de inmigrantes italianos. Al contrario, las fachadas de hojalata resultan encantadoras y su desprolija arquitectura azarosa se convierte en su principal atractivo ¡Quién lo habría imaginado!

Como el principal medio de transporte que usamos fueron nuestros pies, el cansancio hizo que nuestro primer panorama fuese sentarnos y comer, y esta vez optamos por una contundente parrillada, pero antes una cervecita para apaciguar el calor. Después fue el turno de un vinito (siempre Malbec) para acompañar la comida y el infaltable flan con dulce de leche (y hasta con un toque de crema Chantilly) para un cierre perfecto.

Luego de eso nos lanzamos a recorrer el barrio, a observar los pasitos de tango de los bailarines que deleitaban a los turistas, a ver las artesanías que se ofrecían a través de su extensa feria (es el lugar ideal para comprar recuerditos) y a dejarnos seducir por este carismático lugar, uno del que podríamos decir que es como un espejo del ‘’alma argentina’’: la tradición hecha barrio.

Puerto Madero y su aire contemporáneo

Un contraste total fue el que encontramos en Puerto Madero, ya que aquí no hay resto de antaño y todo se alza de manera imponente, contemporáneo, como si Buenos Aires hubiese surgido tan sólo en esta década.

Dentro de esta localidad, el Puente de la Mujer se posiciona como uno de sus principales atractivos, con una arquitectura vanguardista y gran envergadura, es imposible no divisarlo a la distancia. Además, a su alrededor se emplazan agradables bares y restaurantes con terrazas que te invitan a aislarte del calor con una cerveza local, como puede ser –por ejemplo- ‘’Patagonia’’: fresca y liviana.

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Árboles y edificios de considerable altura son parte del paisaje que hacen de margen para este puente, el cual evoca con sutiliza la sensualidad de una pareja bailando tango y que fue obra del ingeniero y arquitecto Santiago Calatrava. Así, sobre el Río de la Plata y sus embarcaciones, esta estructura se robó más que nuestras miradas, pues para nosotras fue el icono de Puerto Madero.

Desde aquí, parten embarcaciones turísticas a diferentes lugares de Argentina, incluso algunas te llevan a localidades de Uruguay, como es el caso de Colonia, un encantador pueblito que hace honor a su nombre y al que en un futuro viaje sí o sí nos trasladaremos.

Es que esto no termina aquí, y justamente eso es lo que nos encanta; que la adicción por viajar crece con cada experiencia. Así que preparen sus maletas porque en una próxima aventura el llamado es a que, junto a nosotras, sean los protagonistas.

 

 

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