Ruta Maya + Playa

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Estoy frente al televisor, y como muchos de ustedes, también paso de un canal a otro como si fuese una especie de reacción automática, hasta que algo me detiene: es un programa de viajes. Y sí, lo admito, todo se convierte en una excusa para viajar, y esta vez fue dicho programa el que me hizo pensar: ¡tengo que ir a Guatemala! Obviamente no quedaría sólo con eso, así que empecé a armar una ruta que nos causara más que una simple buena impresión, y lo digo en plural porque no me iría sola: ‘’Saliendo de Viajes” ya estaba partiendo como un plan piloto.

La elección fue Guatemala, Belice y México y para ello tomaríamos 14 días. El plan original que les había planteado al grupo era partir por Guatemala, recorriendo primero Antigua, luego Lanquin y Flores, siendo nuestro destino final – y por 4 días- Cancún. Se preguntarán seguramente ¿qué haríamos entre Flores y Cancún? Ese iba a ser el factor sorpresa, pues si falta se pierde parte emocionante de la aventura.

Guatemala: nuestro punto de partida

Esas callecillas angostas y adoquines, que literalmente te trasladan a otra época, fueron las encargadas de recibirnos en Antigua. Y lo mejor: justo arribamos a la hora de almuerzo, así que nos dejamos encantar por la comida local, cuyo plato ícono es el Sacatepéuqez.

Al día siguiente, las ganas de recorrer nos llevaron a saltar de la cama muy temprano, y ya a las ocho de la mañana salimos rumbo a Lanquin, localidad que elegimos por su cercanía con los pozones de Semuc  Champey, los cuales se emplazan en medio de un bosque tropical y cuya belleza hizo que fueran declarados en 1999 ‘Monumento Natural’. El trayecto se nos hizo eterno y debemos decir que el bus era a lo menos ‘rústico’, pero como todas las historias tuvimos nuestro ‘Happy ending’: nuestro hostal en medio de la selva. Decir que parecía una imagen sacada de una película se queda corto, estábamos en medio de un paraíso, uno que nos invitaba con su exuberante naturaleza a descansar  y –por supuesto- también a comer y tomar una que otra cosilla.

El segundo panorama fue visitar el Parque Semuc  Champey, y sí; ya he dicho que no soy partidaria de salir en tour, pero en esta ocasión era lo más recomendable, y no nos equivocamos. Una de las actividades más interesantes fue adentrarnos a una cueva inundada, sólo armadas de nuestro traje de baño y una vela, como diría alguien que conozco ‘muy a la antigua’. Allí estuvimos por más de hora y puedo decir que sobrevivimos, por lo menos a eso.

La comunidad de Flores era la siguiente en la lista. Partimos a las ocho de la mañana y recién a cinco de la tarde llegamos. El pueblito era adorable, rodeaba el lago Petén Itza y definitivamente nos conquistó. En esta oportunidad nos quedamos en la casa del Lacandon, donde Oliver nos atendió de maravilla. Su restaurante no podía tener una mejor vista: justo frente al lago, y eso no es todo, ya que sus tragos y comida eran de lo mejor, así que más que cien, yo diría que mil porciento recomendado.

Tikal y su riqueza patrimonial fueron las protagonistas de la nueva jornada. Aquí la película se la robaron los restos arqueológicos pertenecientes a la cultura Maya, civilización precolombina que aparte de su poderío militar se destacó por sus grandes avances en matemática, de hecho ellos fueron quienes idearon el número cero tal como hoy lo conocemos. Ellos habitaron toda esta región y dejaron como legado una arquitectura asombrosa, incluso más impactante que la que presenciamos en México, pues en este caso no se trataba de edificaciones aisladas, sino de prácticamente una ciudad, una que preservó en el tiempo gracias su ubicación en medio de la selva. No hay suficientes palabras para describir esta imagen: es misterio, es grandeza y mucho calor, es que si van deben abastecerse de litros de agua.

Entre tanto paseo aprovechamos de conversar con quienes también recorrían la zona, la mayoría eran europeos que habían decidido hacer la misma ruta, pero partiendo desde México y terminado en Guatemala. Así que intercambiamos datos y tips y nos decidimos por la próxima parada: Caye Caulker.

Here we go Belice

En pocos minutos ya habíamos comprado los tickets en bus a Ciudad de Belice y otro para embarcarnos a la isla, hora de salida: cinco de la mañana. Sé que puede sonar terrible levantarse tan temprano, pero siempre valió la pena el sacrificio.

Cerca de las nueve de la mañana arribamos a la frontera, y al medio día ya estábamos pisando territorio de Caye Caulker. Y adivinen qué: era playa, playa y más playa, era como ganarse el loto, si consideramos que en Chile estábamos en pleno invierno.

Recordar Caye Caulker es empaparse de su tranquilidad, de sus aguas cristalinas, es sumirse en un paisaje que parece estar alejado del mundo. Allí nadie parece tener preocupaciones, todos transmiten paz y felicidad, quizás un factor importante es que el único medio de transporte son los carritos de golf, por lo cual no hay mucho ruido y menos tacos.

Con tanta playa los deportes acuáticos son siempre una opción, muchos hacían buceo y nosotras optamos por el snorkelling, pues esta zona se caracteriza por contar con bellos arrecifes de corales. Y obviamente, sus mariscos y pescados son un imperdible, especialmente la langosta. De sólo pensarlo se me hace agua la boca.

Allí también descubrimos que un ‘water-taxi’ nos podía llevar hasta Chetumal, la cual sería nuestra puerta de entrada a México. Ésta es la forma más rápida de llegar al país azteca, ya que lo otro sería volver a Ciudad de Belice y luego tomar un bus hacia Chetumal, y si bien es más económico, es mucho más tedioso.

Y llegamos a México…

Nuestro próximo objetivo era Tulum, y hay que decirlo: ¡Guauuuuu! El lugar es ma-ra-vi-llo-so, no sólo cumplió nuestras expectativas, sino que las superó ampliamente. Fueron sus playas, los sitios arqueológicos, el cenote, su ambiente relax, la amabilidad de su gente, su deliciosa comida y –órale mano- también su tequila.

El siguiente destino fue Playa del Carmen. Nos hospedamos justo en el centro, así que pudimos empaparnos de la bohemia local, conocer el shopping, disfrutar de la playa, degustar su comida y lo mejor: ¡Todo en un mismo día!

A pesar de ello, debo confesarles que el estar cambiándonos continuamente de ciudad nos agotó un poco, incluso a mí, de quien dicen que cuento con “pilas de durabilidad eterna”. Por lo mismo, estábamos ansiosas por llegar a Cancún, nuestro próximo y último destino.

Durante cuatro días -que pasaron volando- estuvimos en Cancún, un lugar con una lista inmensa de panoramas y que tratamos de aprovechar al máximo. Si hacemos un ‘checklist’, su oferta incluye playas color turquesa, fiesta – Coco Bongo ‘la lleva’-, shopping y malls por montón, además de las impactantes ruinas arqueológicas piramidales de Chichen Itzá. Por todo esto y mucho más; obviamente espero volver.

Otro punto positivo fue lo que fácil que resultó trasladarse entre Tulum, Playa del Carmen y Cancún, ya que abundan los shuttles y buses, algo que no sucede –por ejemplo- en Guatemala.

A pesar de haber destinado únicamente una semana a México, es un lugar que da para invertir muchos días más. De hecho, está en mi lista de sitios que sí o sí debo volver a visitar. Así que anímense y armen su mochila, pues si optan por esta ruta ya saben que los esperarán playas increíbles, naturaleza virgen,  cultura ancestral y –como siempre- mucha diversión…

Nuestra ruta:

 

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